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La casa está vacía

Luego del paso del Huracán Patricia en México

Por Víctor Martínez, World Vision América Latina y El Caribe

El viernes pasado, un equipo de World Vision salió inmediatamente desde la Ciudad de México rumbo a Jalisco, para responder ante la que se esperaba sería una de las mayores catástrofes en México y el mundo.  

Durante la madrugada del sábado, fuimos siguiendo el extraordinario, pero afortunado debilitamiento del Huracán Patricia.A primera hora, después de corroborar datos preliminares con elementos de la Policía Federal, viajamos a La Mascota, un municipio de Jalisco, enclavado en la Sierra Madre Occidental, a sólo 90 kilómetros de Puerto Vallarta. De acuerdo a las autoridades locales, mil viviendas habían sufrido algún tipo de daño a causa del desbordamiento del río Mascota y mil 500 hectáreas de maíz, chile y tomate habían sido completamente destruidas. 

De acuerdo al gobierno mexicano, el impacto y los daños causados por Patricia han sido menores en la mayoría de la población de Jalisco, Michoacán y Colima, pero en Mascota existen personas que lo perdieron todo en cuestión de horas. 

Así lo vivieron Luz Delia Rodríguez, Edgar Contreras y sus cinco hijas, que como todos los viernes, estaban descansando en casa cuando un vecino les avisó que el río venía con bastante agua, que tenían que salirse lo antes posible. Sin pensarlo, Luz y Edgar despertaron a las niñas para llevarlas a la casa de la bisabuela. Minutos después regresaron a sacar lo que pudieran: muebles, camas, ropa, la estufa y el refrigerador. Sin embargo, el agua subió tan rápido que no pudieron hacer nada, repentinamente la inundación era de casi metro y medio. 

“El agua entró en lo que estábamos desconectando la lavadora, quisimos salvar algo de nuestras cosas pero vinieron los de Protección Civil a decirnos que teníamos que salir”, relata Luz Delia. 

El sábado por la mañana, Patricia se había degradado a depresión tropical y las lluvias cesaron. Edgar decidió regresar a su vivienda para ver cómo había quedado. Lo que encontró le partió el corazón, sólo ganas de llorar tenía. Sus cosas estaban flotando, sus perros y gatos estaban en el techo, se habían salvado, excepto Negra, una cachorra que el río se llevó. “Cuando regresamos todo estaba volteado. El agua entró con mucha presión, esa litera que está ahí es lo único que quedó. El concreto se empezó a despegar y las paredes se quebraron, pero aquí estamos, echándole ganas”. 

La familia Contreras tuvo que esperar dos días para que el nivel del agua bajara. Fue hasta ayer lunes que pudieron abrir las puertas y ventanas. La cañería se quebró, el río se mezcló con aguas negras, haciendo que el olor fuera insoportable dentro de la casa. A pesar de eso, todos regresaron a limpiar, incluyendo a Lucía, Esmeralda, Guadalupe, Marlene y Cecilia, todas hijas de Edgar y Luz Edith.

“Los útiles y las mochilas se mojaron, no hemos ido a la escuela porque no tenemos como cargar los cuadernos. Los uniformes están llenos de lodo. Mejor estamos ayudando a mi mamá a limpiar y barrer el cuarto, a mí no me gusta ver el cochinero”, compartió Guadalupe de 11 años. 

La familia Contreras ha recibido ropa y alimentos de algunos vecinos, el gobierno municipal les ha apoyado con agua. En los próximos días, también recibirán tres colchones matrimoniales y dos individuales, así como un filtro purificador de agua por parte de World Vision. 

Hoy la casa está vacía, en el jardín trasero sólo quedaron los escombros de sus pertenencias. Admiro la fortaleza de cada uno de ellos, admiro a Edgar y Luz Delia por proteger la vida de sus hijas. Admiro a las niñas porque a pesar de su tristeza y temor están de pie apoyando a sus papás. 

 


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