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Diego: El defensor de los niños

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Un día Diego (13) estaba caminando por las calles de su barrio, en Ventanilla, y escuchó gritos y golpes que venían desde una casa. Se acercó más a la puerta y escuchó claramente que una mamá maltrataba a su hijo. No lo pensó dos veces. Tocó la puerta y le dijo a la mujer: “¿Señora, por qué no envía a su hijo a la ludoteca?”.

Diego participa en los programas de World Vision Perú desde el año 2002. Uno de los proyectos que WV desarrolla en Ventanilla, son las ludotecas, que son un espacio seguro donde los niños y niñas pueden jugar y aprender.  Él llegó por una invitación de un vecino y poco a poco fue involucrándose hasta llegar a ser un ludotecario… ahora él enseña a otros niños, hace dinámicas, juega con ellos, los aconseja.

“En casa me aburría, en la ludoteca me enseñaban. Antes que estuvieran la ludoteca, los niños estaban en las calles, donde hay “pirañas”, se escucha malas palabras, hasta hay chicos que se drogan en el parque”, nos cuenta.

Diego vive en un asentamiento humano que está en un cerro. Su casa está justo a la mitad de la loma, al costado de la escalera que une la pista con la punta del cerro, donde están las casas más alejadas. Su colegio no está muy lejos, pero diariamente tiene que caminar unos 15 minutos bajo el sol, soportando el polvo, y subiendo y bajando escaleras.

 “Yo quiero estudiar gastronomía para poder ayudar a mi mamá” nos cuenta. Diego, estudia el segundo año de Educación Secundaria y cada día, al llegar a casa después del colegio, ayuda a su mamá con las tareas del hogar y a cuidar a su hermanito de 2 meses, William. “A mi papá solo lo veo en las noches, porque trabaja como técnico de Sedapal todo el día”, comenta.

Otra de sus pasiones, es el fútbol. Todas las tardes juega con sus amigos en el parque del barrio, en la posición de defensa. Él ha sido testigo de las peleas que protagonizan las “barras bravas” de Alianza Lima y la “U”.  Ve como consumen drogas, se pelean entre ellos, y promueven la inseguridad y el miedo. Él ya no tiene miedo.

Como ludotecario, sabe que ahora es un ejemplo para otros niños, y se preocupa por ellos. No quiere que los niños jueguen en las calles, porque sabe que las calles de su barrio todavía no son seguras. También sabe que los niños y niñas tienen derechos, y que no deben ser maltratados por nadie, es por eso que tocó la puerta cuando escuchó que gritaban  a su vecino.

Ahora su amigo va a la ludoteca. Y no ha vuelto a escuchar gritos en su casa. 


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